sábado, 27 de octubre de 2018

One last dream.

Esta noche he tenido un sueño. Estábamos tú y yo, sentados uno al lado del otro, pero sin ser ya lo mismo. Ahora estaba ella. Había pasado tiempo, un tiempo que cura, pero no olvida. Hablábamos. Hablábamos de lo feliz que eras ahora, de todo lo que habías conseguido, de ella. Hablabas de ella y se te llenaba la boca, y yo te miraba, fijamente, y te escuchaba hablar. Y, ¿sabes qué? Con cada palabra bonita que salía de tu boca, yo iba curándome por dentro. 

Nosotros fuimos una vez. Fuimos una casualidad llena de intención. Pero las intenciones no siempre son buenas, no siempre terminan bien. Y así fue.

Te escribo esto para decirte que ha sido un sueño precioso. Un sueño en el que aprendía. Que ahora estás mejor. Que ahora estoy mejor. Que somos mejores. Que el tiempo pone a cada persona en su lugar, y tú estás en el tuyo. Y yo, por fin, tras tantos intentos, estoy en el mío.

lunes, 21 de mayo de 2018

Te das cuenta de lo que has sufrido cuando ni si quiera confías en que saldrá el sol el primer día de verano.
Y te das cuenta de lo que anhelas volver a ser feliz cuando vuelves a ver...
Que con el piano puedes componer canciones de amor, otra vez.
Que cogerás el bolígrafo y saldrán las palabras, otra vez.
Que disfrutarás del olor del mar cercano, otra vez.
Que distinguirás el cielo azul celeste y no gris, otra vez.
Que eres capaz de sonreír, otra vez.

Gracias por aparecer en mi vida, otra vez.


viernes, 9 de marzo de 2018

Un día más en casa.

Una película a la que no le presto atención,
un vibrador con el que no puedo hablar,
y la regla que me mata,
y la gripe que me sigue.

Cerveza,
Antibióticos,
Mareos.

- Estás baja de defensas.
- Será de tantos golpes.


sábado, 11 de febrero de 2017

Las noches locas qué.

No sé lo que es el amor. Creía que sí, que lo tenía muy claro, que lo había sentido en mi piel, pero me he dado cuenta de que no. Creía que el amor era acariciar y erizar la piel, creía que era aprender del otro, creía que era reír y llorar, gritar y huir. Creía que era la sensación de que todo lo demás desaparecía al estar con él, creía que era renunciar, callar. Me he dado cuenta de que jamás he estado enamorada. Chico, tras chico, tras chico. Creía que el amor era llamarnos todos los días. Cielo, cariño. No sé lo que es el amor. Creía que el amor era una media naranja, pero cada persona ya es una fruta entera. Creía que el amor era compatibilidad, pero no. El amor es ser tú, y poder ser acompañado. No estoy incompleta, soy yo. No estoy rota, no tengo porqué arreglarme. El amor no es eso.

Al principio me he sentido decepcionada, me he cuestionado qué fue todo aquello que sentí. Me he preguntado por qué fui tan estúpida. Pero ahora, respirando, me siento aliviada y feliz, porque algún día descubriré lo que es el amor, tras tanto ensayo-error, y entonces por fin podré ser feliz. Teniendo muy claro que el amor no es complementar, es acompañar. 

domingo, 9 de octubre de 2016

Aprendí del fallo pero lo repetí aposta.

Hoy ha sido uno de esos días en los que vacío mi habitación de ropa, papeles, zapatillas y objetos que guardo, a veces sin sentido, a veces con mucho más significado del que debería.

Mientras lo hacía, y echando una mirada atrás en el tiempo, me he dado cuenta de que todas y cada una de las veces que me dedico a esta tarea, significa mucho más que un simple arranque de limpieza. Pienso que vaciando mi cuarto y deshaciéndome de cosas ordenaré mi cabeza. Y no.

Es como la sutil diferencia entre estar ocupada o no tener absolutamente nada que hacer. Tengo pánico a ese momento en el que, de repente, todas las cosas que obviabas ocupando tu mente, aparecen de repente en una noche en la que te cuesta dormir más de lo normal. Y ya estás perdida.

Como una montaña rusa, hay días en los que te sientes en lo más alto y no miras hacia abajo. Otros, sin embargo, te encuentras tan abajo que desaparece el apetito. Pero lo peor es cuando bajas de la atracción y ves que no es para tanto, que te volverás a subir, y que volverá a pasar lo mismo. Tropezar con la misma piedra es una condición humana. 

Y es que no existen culpables en esto del amor. Aunque ni si quiera lo considere amor. Pero una cosa tengo clara, y es que no voy a volver a culparme, a dañarme pensando que siempre soy yo la que da el paso que conlleva al error. Quizá todo venga de antes, o quizá todo haya llegado ahora. 

Puede que parezca que esté loca, sí. Me encanta reírme por nada y sé que me comporto de una forma que poca gente aguanta a veces, pero no quiero cambiar. De vez en cuando, cuando miro por la ventana, sueño con irme lejos, lejos de donde ya creo que nadie me entiende, que nadie va a poder comprenderme nunca.

Es como lanzarse desde un edificio, sabes que vas a terminar muriendo, pero aún así disfrutas del cosquilleo.