miércoles, 2 de abril de 2014

Creer o no creer.


Me ahogo.
Y todas las promesas que me hice a mi misma sobre la felicidad se esfuman como el humo de un cigarro. Debemos fijarnos en las pequeñas cosas que nos da la vida, suelo decir para engañarme. Ya. ¿Pero acaso eso equilibra toda la mierda que nos viene encima? Creo que no.
Miedo a perderle. Miedo a perderme a mi misma. Estoy perdiendo el control de la situación, de mi mente, y mi corazón se acelera. Palabras sin sentido, sentimientos sin palabras.
Me siento llena. De angustia, por supuesto. Y esta jodida soga que aprieta mi cuello. Mi respiración. Descontrol. ¿Qué hago mal? ¿Dónde está la línea recta que seguían mis pies?
Tan solo me preocupo de salvar a la gente de mi alrededor de cualquier tipo de dolor. ¿Y quién me salva a mí de mí misma?
Y se acumulan los problemas, en un rincón de mi alma, pudriendo mis entrañas hasta que sale disparado por la boca. Sí. Soy una borde. Pero no es culpa mía. Es culpa vuestra.

Respira. Aguanta un segundo. Cierra los ojos mientras te duela y aprieta los puños. Adelante. Se puede aprender a sufrir.


lunes, 17 de marzo de 2014

Digamos que estoy rodeada de libros.

Digamos que estoy rodeada de libros.
Todos tienen unas tapas preciosas, increíbles, de estas que hacen que quieras volver a la librería corriendo para comprarlos por si alguien acaba con todas las existencias. Y en la sinopsis, sus palabras te maravillan, te llenan la boca, y el alma.
Pero comienzas a leerlos a fondo, fijándote bien en los detalles, en su ser. Y te decepcionan. Te esfuerzas por acabar de leerlos, pero te cuesta, lo das todo y mil veces piensas en cerrarlos y terminar con el problema, pero sigues ahí, abriéndolos cada noche para ver si, quizá, en alguna parte de la historia, cambian.
Pero tal vez... tal vez no lo hagan, nunca.
Y acabarás leyéndolo entero, aborreciéndolo hasta la muerte, deseando encontrar la fuerza suficiente para sostener hasta el final un ápice de interés.

Pero la esperanza desaparece, tan rápido como el tiempo que has malgastado leyendo aquel libro.

Y esta es la metáfora literaria que puedo deducir de mi simple y estúpida vida.


viernes, 14 de marzo de 2014

"IT"

Ella le sostuvo la mirada, serena.

-Oh, ¿por qué no? Seamos francos y llamemos a las cosas por su nombre. Me estaba ahogando. Descubrí las anfetaminas dos años antes de conocerte; un año después, la cocaína, que era todavía mejor. Una anfeta en la mañana, coca por la tarde, vino por la noche y un Valium a la hora de acostarme: las vitaminas de Audra. Demasiadas entrevistas importantes, demasiados papeles buenos. Daba risa de tan parecida a los personajes de Jacqueline Susann. ¿Sabes cómo imagino ahora ese período, Bill?

-No.

Ella bebió un sorbo de té sin dejar de mirarlo a los ojos y sonrió.

-Era como correr por la rampa móvil del aeropuerto de Los Ángeles, ¿comprendes?

-No, no del todo.

-Es una rampa móvil de unos cuatrocientos metros.

-Conozco la rampa, pero no sé qué estás...

-Si te quedas de pie en ella, te lleva hasta la zona de entrega de equipaje. Pero no hace falta que te quedes inmóvil, puedes caminar o correr y parecería que lo estás haciendo como de costumbre porque tu cuerpo olvida que estás agregando velocidad a la de la rampa. Por eso al final han puesto esos letreros que dicen <Circule despacio, rampa móvil>. Cuando te conocí, me sentía como si hubiera salido a toda carrera por esa rampa a un suelo que ya no se movía. Mi cuerpo iba a nueve kilómetros por delante de mis pies. No se puede mantener el equilibrio. Tarde o temprano te caes de narices. Pero yo no me caí, porque tú me sostuviste.

Apartó el té para encender un cigarrillo sin dejar de mirarlo. Él sólo vio que le temblaban las manos por el imperceptible estremecimiento de la llama que se movió de lado a lado antes de encontrar el extremo del cigarrillo. Ella aspiró profundamente y exhaló un hálito de humo.




jueves, 13 de febrero de 2014

Lista actualizada de deseos.

1. Escribir un libro.
2. Empezar y acabar la carrera.
3. Conseguir un disco.
4. Aprender inglés perfectamente.
5. "Casarme" a mi manera.
6. Viajar a los seis continentes.
7. Dejar de fumar (¡en serio!).
8. Ir al País Vasco.
9. Visitar Roma y poner un candado.
10. Acabar bachillerato.
11. Escribir un artículo en un periódico o revista.
12. Hablar en un programa de radio.
13. Montar en camello.
14. Ver un maratón de películas, 24 horas sin pausa. 
15. Encontrar trabajo.
16. Ir al aeropuerto y coger el primer avión que salga.
17. Hablar después de inhalar helio.
18. Subir en globo.
19. Aprender a esquiar o surfear.
20. Encontrar al ideal.
21. Que me besen bajo la lluvia.
22. Escuchar la orquesta filarmónica de Viena.
23. Ir a todos los festivales que me gustan.
24. Hacer ejercicio.
25. Conseguir estar a gusto conmigo misma.
26. Subir a un taxi y decir "SIGA A ESE COCHE".
27. Ser hipnotizada.
28. Viajar en el inter-rail.
29. Tatuarme todo lo que tengo pensado.
30. Sacarme el carnet de conducir.
31. Montar en avión.
32. Ver un elefante.
33. Tener coche y casa propia.
34. Recibir una fiesta sorpresa.
35. Ir a un lugar donde se pueda gritar con todas mis fuerzas.
36. Ordeñar una vaca. SÍ, VALE?
37.
Bucear en la Gran Barrera de Coral (Australia, Papúa Nueva Guinea).
38. Ir al castillo de Drácula en Transilvania.
39. Ver el amanecer en la playa.
40. Tomar un baño a la luz de las velas con alguien especial.
41. Bañarme en una cascada.
42. No dormir NADA, durante dos días seguidos.
43. Visitar Madagascar.
44. Ver la Aurora Boreal.
45. Conocer las 7 maravillas del mundo.
46. Ir a todas las capitales Europeas.
47. Participar en una guerra de comida.
48. Hacerme una tira de fotos en el foto matón con alguien especial.
49. Visitar las puertas del infierno (cerca de Darvaz en Uzbekistán).
50. Bailar bajo la lluvia.

martes, 3 de septiembre de 2013

¿Qué, quién, cómo y por qué?

Sentía el aliento de los agentes de seguridad en la nuca, pero no podía permitirme dejar de correr, o sería mi ruina. Un solo paso hacia atrás para coger impulso si quiera hubiese significado mi perdición. Notaba los latidos de mi corazón en las orejas y el estómago en la boca. La cerré fuerte. Mi mochila se sujetaba a mi cuerpo ligeramente por los hombros, necesitaba conservarla pero mis manos estaban ocupadas intentando alcanzar algo que tenía enfrente de mí. Una luz, una bocanada de aire, un milagro, una esperanza, cualquier cosa. Sentía un dolor tan fuerte en las piernas que me sugestioné la mente para sentir que volaba. Pero no funcionó. Iba a desfallecer de un momento a otro. Tenía miedo. Había perdido completamente la cuenta del tiempo que llevaba corriendo. Ni si quiera recordaba el momento ni el motivo por el que había comenzado a correr. Quería girar la cabeza para comprobar la distancia que me separaba de esos dos gorilas, pero no podía permitir que me reconociesen. Desesperación. Las pisadas resonaban como mil centuriones furiosos a pesar de que ninguno de nosotros apoyaba los pies más de medio segundo.

De pronto una imagen totalmente innecesaria cruzó mi mente. Mi pequeño primo jugando con canicas en mi jardín. Pensé que mi cerebro estaba preparado para ir pasando las diapositivas de mi vida y solté un gemido de terror. Pero no fue así. Sin dejar de correr mis manos movieron la mochila hacia delante y la abrieron. Mis manos palparon la pequeña red que contenía aquellas esferas de colores y las solté a mi espalda. ¿Funcionaría? No estaba segura, pero la oscuridad obstaculizaba los reflejos y aquello fue suficiente. Un ruido sordo. Maldiciones. Ventaja. Mis manos siguieron hurgando en la mochila en busca de cualquier otra cosa que me proporcionase más margen. Fui deteniéndome poco a poco y me puse el pasamontañas. Tarde o temprano aparecerían entre la oscuridad del túnel y no podían verme. Sabía que él había metido una 9mm dentro de la mochila que tantas veces usé para ir a clase, pero yo no era así, ¿verdad?. Pero para entonces ya la tenía entre las manos y apuntando a las sombras. Los guardias aparecieron de entre las tinieblas, enrojecidos por la carrera y jadeando como los perros que eran.

-Bienvenidos a mi pesadilla.