jueves, 28 de febrero de 2013

Maldita depresión que me come desde dentro.

Ya no puedo más. No puedo más, en serio. Esta sensación es totalmente insoportable, creí haberme acostumbrado hace tiempo, pero estaba equivocada. Todo es una mierda. Comenzando por el puto sonido del despertador, puta canción que se me clava en la cabeza y me provoca un mal humor permanente, como si tuviese una mosca en la oreja todo el maldito día. No soporto que suene cada día a las 7, no puedo vivir un solo día más con esta sensación de abatimiento, que provoca que lo primero que piense al despertarme es cómo evitar tener que levantarme.
Y me resigno, me siento en la cama, miro a mi alrededor y no siento nada, no veo nada. Y sé a ciencia cierta que todas esas fotos colgadas me hicieron sonreír cada mañana una vez, ¿y ahora? Nada. Frío, un frío que se cuela hasta el tuétano, un frío constante, un frío que duele. ¿Dónde cojones están todos los demás sentimientos que yo solía tener? ¿Dónde está la sonrisa con la que me levantaba y me acostaba? ¿Dónde están las malditas ganas de vivir?
Luego el autobús. Asqueroso autobús lleno de asquerosos niños drogados por sus madres cada mañana, que chillan, que hablan, que dan golpes, que me miran y se ríen, ignorando que en mi mente les estoy matando lenta y dolorosamente. Y la monitora y el conductor, que se empeñan en darme los buenos días aunque mi cara parezca encenizada y dé miedo mirarme.
Pero llega el cigarrillo, quince minutos de agradable charla con personas que no volveré a ver dentro de unos meses, quince minutos de matarme poco a poco, quince minutos de abstracción. Quince. Maldito número que me ha llevado a la ruina. Maldito sentimiento de amor no compartido, malditas ganas de darlo todo aún no recibiendo nada a cambio, maldita sensación de que me utiliza, malditas drogas.
Y lo siento, lo siento por todas aquellas personas que se preocupan aunque intente con todas mis fuerzas fingir que todo va bien, lo siento por todas esas personas que me quieren y solo reciben de mí seriedad y frases cortas con punto y final, lo siento por sentirme tan sola aún estando rodeada, lo siento por no ver lo que tengo, lo siento a todas aquellas personas a las que he empujado, chillado o insultado por no tener un buen día.
Más tarde llego a casa y me encierro en la habitación. Una habitación verde con una improvisada cenefa roja, una habitación a la que una vez intenté darle vida pero que sigue sin transmitirme nada. Maldito lugar cerrado en el que me paso la vida, en el que lloro cada noche, en el que planeo mi suicidio y más tarde lo rechazo, en el que me fumo el estrés y aún así me persigue. Y veo los libros, y la lista de cosas que tengo que hacer, y el calendario de exámenes, y los post-its, y... y..., y vuelvo a llorar. Pero lloro en silencio y la rabia se me acumula en la garganta, quiero chillar pero no puedo, quiero destrozarme los nudillos contra la puerta pero me reprimo.
Notas bajas, becas que no me conceden por mi pésima capacidad, preguntas tontas, tiempo perdido, y los platos que se amontonan en el fregadero, y la cocina que está sucia, y los sábado limpiar los baños, y un padre que no hace nada, y una hermana que tampoco, y una madre harta de nosotros, y yo... que tan solo quiero desaparecer, que se acabe el mundo, que nos convirtamos en polvo, que este estrés me lo quiten de una hostia, que llegue la calma, que lleguen los suspiros, soltarlo todo.


domingo, 3 de febrero de 2013

Y otra vez vuelve esa sensación de inseguridad.

No sé si tendrá algo que ver que es Domingo, que mi calendario está lleno de exámenes, que me tiene que bajar la regla, o que simplemente estoy sensible hoy... pero aquí estoy, llorando como una posesa, en silencio, en medio de una habitación que no me transmite nada. Mirando su chaqueta colgada en mi silla y recordando la tarde de ayer.
Creo que jamás me había pasado esto. Nunca había tenido esta angustia dentro de mí. Ni si quiera sé cómo escribirlo. Maldita sea.

Tengo mucho miedo. Tengo tanto miedo que me falta el aire si lo pienso. No quiero que desaparezcas. No quiero dejar de escuchar esa risa tan graciosa que tanto me gusta imitar. No quiero que encuentres a otra, no quiero que cometas el mismo error que cometí yo, aunque gracias a él pudiéramos empezar esto. Sé que tú me entiendes.Quiero que seas solo mío, siempre. Quiero que sigas sonriéndome cuando me ves llegar, que me guiñes el ojo, que vengas hacia mí y me abraces; que me beses y me digas que lo hago bien; que me llames pequeña, cielo, amor, como tú quieras, pero que me pronuncies. Quiero que me cojas por la espalda y me repitas que estoy atada, que soy solo tuya. Me da igual que suene machista, incluso yendo en contra de mis principios. Si tú te vas desaparece parte de mi ser. Quiero que me protejas siempre.

Yo no tenía pensado enamorarme de ti, ya lo sabes. Me lo tomaba como un juego del cual saldría para volver a mi otra vida. Un simple pasatiempo. Pero ahora el juego es serio, y no quiero salir de él. No quiero perderte, no puedo permitírmelo. Quiero que me sigas llevando a otra realidad distinta solo con besarme; quiero que me hagas olvidar que todo fuera de aquí se está derrumbando; que sigas haciendo trampas para acabar como tú quieres; que me sigas haciendo promesas de un futuro juntos, un futuro mejor, un futuro feliz lejos de aquí.

Tú eres mi única droga.



miércoles, 23 de enero de 2013

Si te viera sonriendo de repente cualquier día, sería grande y sé que todo cambiaría.


A veces no nos damos cuenta de aquello que perdemos cuando damos prioridad a una persona, personas que evitan que aprendamos a vivir, que hacen que nos olvidemos de nosotros mismos y, al final, cuando todo se termina, deseamos morir porque nuestra vida se basaba en una monotonía dependiente, y acabamos destruidos.

Sé que cuesta dejar de sufrir, qué remedio, pero hay que darse cuenta de la gente que nos encarcela, que nos roba el corazón para llenarlo de mentiras, secretos y lágrimas. Te hace correr de su mano, dejando tus sueños atrás, junto con un montón de gente que, con el paso del tiempo, no vas a volver a ver. Nunca he logrado entenderlo, o quizás sí, pero a pesar de las palabras, los problemas, las discusiones y el distanciamiento, siempre estuve aquí. Porque es lo que tiene el amor, el mundo desaparece a tu alrededor, y tu cabeza solo tiene una palabra que se repite.

Si apuestas todo a un mismo número puedes llegar a perderlo todo. El amor propio es lo primero y más importante. Apuesta por ti, mírame a los ojos, tienes que salir y pelear. Habrá otros amores, más errores y más caídas, porque la vida pone obstáculos que hacen que maduremos y nos hagamos fuertes frente a todos.

Dejas de vivir, te limitas a envejecer sin más, no miras lo que has ganado y te centras en lo que has perdido. Dejas de ser feliz, siempre llorando y lamentándose por todo, sin ver que los demás se preocupan de verte así.
Da pena ¿sabes? Que el amor por otra persona acaba alejando y distanciando a personas que antes estaban unidas, pero una de ellas jamás la olvida, porque en realidad ha estado a su lado siempre. Gritándole en silencio que luche y salga de ese estado que no le hace bien, pero no encuentra manera.

Cariño, te quiero, quiero ayudarte aunque no se me dé bien, quiero verte feliz, quiero que sepas que SIEMPRE voy a estar contigo, que si lloras, sea en mi hombro, que jamás he dudado de ti, y que hay que empezar de cero, aprender de los errores. Te quiero y te voy a querer siempre, recuerda quién eres, que nadie te lo impida, eres ENORME, y no puedo pedir más.

¡BASTA DE LAMENTACIONES, TÚ NO ERES MENOS QUE EL RESTO!


Son tiempos difíciles.


Hoy llegué al bar y pedí una cerveza. Son tiempos difíciles. Hoy es uno de esos días donde las preguntas pasan por tu cabeza como aves emigrando a otro lugar. ¿Cómo cojones hemos llegado a esta situación? ¿Cómo hemos llegado a este punto donde cada cosa que hacemos forma parte de nuestra frustración?

Lo forzamos para que funcione. Son tiempos difíciles, pero las cosas no van así. Te echo de menos. Te necesito y tú no encuentras tiempo. Y aquí estoy, en medio de un caos donde el orden no tiene cabida, mirando fijamente como desaparece la espuma en mi vaso, deleitándome con el ligero movimiento de las burbujas amarillas.

Mi cuerpo grita pidiendo ayuda pero mi boca solo se entreabre para posar el vaso en mis labios. Lo hacemos lo mejor que podemos, lo sé. Son tiempos difíciles. Y así empieza el desastre, entre botellines que se amontonan en la mesa, entre cigarros que llenan el cenicero.

Vamos a sentarnos a hablar toda la noche. Estamos sonriendo pero los dos sabemos que estamos más cerca de llorar. Incluso después de todos estos años seguimos teniendo la sensación de que nos encontramos por primera vez. Son tiempos difíciles, somos completos desconocidos.

Cuando duele, cuando te levantas y te vuelven a empujar pero sigues luchando, en ese preciso momento, comprendes que la vida no te va a tender la mano, pero que siempre habrá otra persona que lo hará por ella. Y entonces te darás cuenta de quién es la persona que merece tu atención y tu aprecio, y quién ha llegado solo para ensuciarte aún más. Son tiempos difíciles… pero pasarán rápido si no sueltas mi mano.







miércoles, 16 de enero de 2013

El tiempo no espera a nadie.

Llega un día en que la mayoría de gente ve cómo está el panorama y se da cuenta de que no arruga los labios para darle un beso en la boca a un destino sonriente, sino porque la vida acaba de meterles en la boca una pastilla de sabor amargo.

VIVE RÁPIDO, MUERE JOVEN Y DEJA UN BONITO CADÁVER.