Clara describía personas, escenarios y objetos que nunca había visto con sus propios ojos con un detalle y una precisión de maestro de la escuela flamenca. Su idioma eran las texturas y los ecos, el color de las voces, el ritmo de los pasos.
Me preguntaba qué podía ver ella en mí como para ofrecerme su amistad, sino acaso un pálido refrejo de ella misma, un eco de soledad y pérdida. En mis sueños de colegial siempre seríamos dos fugitivos cabalgando a lomos de un libro, dispuestos a escaparse a través de mundos de ficción y sueños de segunda mano.
Aquel verano llovió todos los días, y aunque muchos decían que era castigo de Dios porque habían abierto en el pueblo un casino junto a la iglesia, yo sabía que la culpa era mía y solo mía porque había aprendido a mentir y guardaba todavía en los labios las últimas palabras de mi madre en su lecho de muerte: nunca quise al hombre con quién me casé, sino a otro que me dijeron que había muerto en la guerra; búscale y dile que morí pensando en él, porque él es tu verdadero padre.
miércoles, 30 de mayo de 2012
jueves, 26 de abril de 2012
Esta noche.
Acabando el sol y entrando la luna, recuerdo las promesas
que una noche nos dijimos, de mi boca a tu oído llegaban todas las palabras que
no nos escribimos, verdades vueltas falsedades con el tiempo, miradas que no se
repetirán, momentos de felicidad fugaces que caen en la oscuridad de la noche
precedida por luces de ausencias. Este instante de llorar sin lágrimas, de
querernos sin sentir, es incluso más nocivo que el pasado y es destructor
movimiento hasta nuestro presente que nos obliga a vivir juntos esta noche de
soledades.
martes, 24 de abril de 2012
Cartas.
Yo, que nunca estaba seguro ni de la hora que era, asentí con la convicción del ignorante. Me quedé viéndola alejarse por aquella galería infinita hasta que su silueta se fundió en la penumbra y me pregunté qué es lo que había hecho.
Abrí el sobre y extraje la carta, una lámina de color ocre nítidamente doblada por la mitad. Un trazo de tinta azul se deslizaba con aliento nervioso, desvaneciéndose paulativamente y volviendo a cobrar intensidad cada pocas palabras. Todo en aquella hoja hablaba de otro tiempo: el trazo esclavo del tintero, las palabras arañadas sobre el papel grueso por el filo de la plumilla, el tacto rugoso del papel. Alisé la carta sobre el mostrador y la leí, casi sin aliento.
Quizá me quería, a su manera, como yo la quise a ella, a la mía. Pero no nos conocíamos. Quizá porque nunca la dejé conocerme, o nunca di un paso por conocerla a ella. Pasamos la vida como dos extraños que se han visto todos los días y se saludan por cortesía. Y pienso que quizá murió sin perdonarme.
Abrí el sobre y extraje la carta, una lámina de color ocre nítidamente doblada por la mitad. Un trazo de tinta azul se deslizaba con aliento nervioso, desvaneciéndose paulativamente y volviendo a cobrar intensidad cada pocas palabras. Todo en aquella hoja hablaba de otro tiempo: el trazo esclavo del tintero, las palabras arañadas sobre el papel grueso por el filo de la plumilla, el tacto rugoso del papel. Alisé la carta sobre el mostrador y la leí, casi sin aliento.
Quizá me quería, a su manera, como yo la quise a ella, a la mía. Pero no nos conocíamos. Quizá porque nunca la dejé conocerme, o nunca di un paso por conocerla a ella. Pasamos la vida como dos extraños que se han visto todos los días y se saludan por cortesía. Y pienso que quizá murió sin perdonarme.
domingo, 15 de abril de 2012
Solo creo en amores de una noche.
-¿Por qué tienes remordimientos?
-Por las cosas que hago.
-¿No te ha pasado nunca, que mientras haces las cosas, sabes que estás haciendo mal pero aún así en ese momento no puedes corregirlo?
-Exacto.
-Es algo horrible porque eres consciente en todo momento pero no puedes pararte a ti mismo. Como si fueras espectador de otra vida que, en realidad, es la tuya.
-Quizá la culpa de no encontrar alguien para mí sea mi estúpida manera de ver las cosas. Quizá sea mi visión de chico perfecto, no sé, no busco un puto principe azul, ni si quiera me importa que se acuerde de mí a cada segundo. Solo pido un poco de atención, que mi voz interior me diga que soy más especial que las demás. Aunque sea un poco.
-Por las cosas que hago.
-¿No te ha pasado nunca, que mientras haces las cosas, sabes que estás haciendo mal pero aún así en ese momento no puedes corregirlo?
-Exacto.
-Es algo horrible porque eres consciente en todo momento pero no puedes pararte a ti mismo. Como si fueras espectador de otra vida que, en realidad, es la tuya.
-Quizá la culpa de no encontrar alguien para mí sea mi estúpida manera de ver las cosas. Quizá sea mi visión de chico perfecto, no sé, no busco un puto principe azul, ni si quiera me importa que se acuerde de mí a cada segundo. Solo pido un poco de atención, que mi voz interior me diga que soy más especial que las demás. Aunque sea un poco.
sábado, 31 de marzo de 2012
Quedó atrás.
Duermen sobre la noche las palabras olvidadas por el paso del tiempo, atacadas por el viento, descansan en el pensamiento, como un recuerdo oscuro entre luces de ausencia y pasados acabados. Quietas, como si nunca hubieran sido escritas por mi corazón aquella noche, directas al tuyo, chocando contra el muro que te protegía de la palabra amor, se desvanecieron invisibles y cayeron en el grito silencioso del adiós.
Lejos quedan las noches de necesitarnos, los largos segundos de silencios que daban paso al amor y su significado, las palabras que aún existentes han perdido el valor para dos corazones jóvenes que ya nunca volverán a tener el mismo compás. Es curioso el imparable movimiento del tiempo que vive en la distancia de nuestros cuerpos, como el misterio de cómo he conseguido vivir sin su sombra a mi lado todo este tiempo de pena y olvido.
Lejos quedan las noches de necesitarnos, los largos segundos de silencios que daban paso al amor y su significado, las palabras que aún existentes han perdido el valor para dos corazones jóvenes que ya nunca volverán a tener el mismo compás. Es curioso el imparable movimiento del tiempo que vive en la distancia de nuestros cuerpos, como el misterio de cómo he conseguido vivir sin su sombra a mi lado todo este tiempo de pena y olvido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




